Sueños al borde de un nocaut (KO)
- Paola Trujillo

- 2 dic 2021
- 6 Min. de lectura
¡Imagina cuando vayamos a otro país y suene el himno nacional por nuestra culpa! Es una de las frases que recuerda Indira Germer con una sonrisa en el rostro mientras se prepara para iniciar un día más de entrenamiento en las artes marciales en el pequeño espacio que ha adecuado en el corredor dentro de su casa

Foto: Indira Germer
Indira es oriunda de La Ceiba, una comunidad localizada a ocho horas de la capital de Honduras, Tegucigalpa. Tiene 24 años de edad, es estudiante de la licenciatura en psicología y tiene una vida entregada a las artes marciales sin embargo, un año atrás comenzó su camino por el boxeo, disciplina deportiva que le llevaría a conquistar otro país en los meses venideros.
El boxeo llegó a ella como por arte de magia a través de un proyecto que meses atrás decidió instaurar “Mi esposo y yo tenemos un proyecto de defensa personal femenil, se enfoca en que mujeres adultas puedan defenderse de violencia doméstica, intento de secuestro o intento de abuso sexual y yo sentía que me faltaba algo, yo sé patear, sé hacer una llave en el suelo pero no sabía utilizar mis brazos, me sentía muy débil en esa área... en eso concemos a nuestro coach, Yuyo, él nos involucró en boxeo y empezamos a entrenar en la casa”.
Con el primer acercamiento al mundo de los jabs y volados, Indira sintió que “era anormal” cuando recibía los golpes y lograba quedarse parada, ¡me sentía fuera del promedio! - dice mientras agrega que el boxeo fue el ingrediente extra a su vida, se dio cuenta que era buena, que la hace sentir fuerte, segura ante sus compañeros de entrenamiento que en su mayoría no son congéneres.
La sensacion de fortaleza que despierta en ella al golpear una pera, al portar unos guantes – “el poder que te da el boxeo”-, como nombra Indira, fueron los ingredientes que la enamoraron -¡me encantó! y ahí dije “quiero dedicarme a esto, quiero que muchas otras personas sientan esa fortaleza porque a diferencia de las artes marciales, el boxeo es algo brusco y es algo real. Lo que me enamoró del boxeo fue ver la fortaleza que tienen las personas para recibir esos golpes y seguir arriba del cuadrilátero peleando”.-
La fortaleza, la pasión y el hambre de superación llevaron a Indira a que, en meses venideros buscará nuevas rutas, conquistará territorios e hiciera sonar el himno de Honduras – “por su culpa”- como ella dice mientras sus ojos lucen como dos luceros.
“Cuando me invitaron al evento en México, al principio no me la creía porque aquí en Honduras yo había tenído tres peleas y dos eran de King Boxing: una fue contra una de las mejores atletas de Honduras, fue un evento que rompió esquemas en el país, especialmente en la Ceiba, porque nunca se había dado en este lugar una pelea estelar de mujeres, mucho menos de King Boxing. Haber sido la representante de ese evento creo que abrió muchas puertas en mi camino como deportista”.
Nueve meses después de haberse iniciado en el boxeo, recibió la invitación para competir en México y con una serie de implicaciones y escasos recursos económicos, Indira preparó su maleta, guardó algunos pesos ahorrados de la venta de sus pinturas y emprendió el viaje de tres días con destino a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Un viaje que califica como “muy difícil” en el hubo un momento en el quiso tirar la toalla porque se sentió desesperada y lejos de casa, aunado a las múltiples complicaciones que tuvo para cruzar las fronteras en su camino a territorio mexicano.
“Despues de tres dias de viaje , - tres dias de viaje-, estaba súper inflamada, mis pies estaban hinchados, mi colón estaba hinchado, sin embargo estaba dentro del límite del peso y no hubo ningún problema. Miré que la chica (mi contrincante) “La beba” era mucho más grande que yo pero no importaba porque estoy acostumbrada. Yo soy muy pequeña de estatura, entonces nunca en mi vida he peleado con alguien de mi misma estatura, siempre he peleado con gente mucho más alta... entonces era algo muy cotidiano “.
Indira recuerda aquel viernes en territorio chiapaneco cuando pisó por vez primera las instalaciones de la Arena Universitaria, recinto donde en menos de 24 horas estaría entonándose el himno de su país. “Cuando miré el lugar donde iba a pelear me entró un pequeño pánico porque nunca antes había peleado enfrente de tanta gente pero después recordé que cuando uno está allá arriba no se acuerda de quién nos está viendo. Miré todo y sentí que estaba como en un sueño porque me habían contado de esas cosas pero no me imaginé que yo iba a vivir algo así tan pronto ¡Fue hermoso, fue algo muy bonito!”
Hacía el campanazo final
Y como un sueño, las horas del reloj se fueron volando, Indira se encuentra en los vestidores, lleva un short en color rosa, un top gris y unos guantes que le prestaron. No cuenta con apoyo económico por parte de su país, es pintora y ha ahorrado algunas monedas para ir adquiriendo su indumentaria. La vestimenta es lo menos importante para ella porque al final sus manos son las que hablaran esta noche. Indira quiere ganar porque quiere tener un lugar adecuado para entrenar como el gimnasio que le recibió en Tuxtla Gutiérrez durante su pesaje.

Foto: TintaFrescaBoxing
Indira termina de afinar los últimos detalles antes de escuchar el llamado en escena, apoya una rodilla en el piso, coloca su cabeza sobre la otra pierna y realiza un movimento característico del Tae Kwon Do que se llama chumbi, agarra la energía en sus manos y la introduce en su pecho mientras respira profundamente. Acto seguido, toma su teléfono celular para guardar una foto delel antes y despues de la pelea y finalmente le da un beso a su esposo Aarón, la única persona que le acompaña de manera presencial en esta travesía, también es boxeador y figura en la pelea estelar de la noche.
Las luces bajan su intermitencia y en el centro del cuadrilátero anuncian el nombre de Indira Germer, el momento ha llegado y comienza su camino rumbo al ring, se siente segura, ¡se siente como un pez en el agua! aunque sabe que está lejos de casa. ¡Honduras, Honduras, Honduras! Hay pelea de talla internacional en la rama femenil, de hecho, la única en la cartelera de la gala boxística.
Sube al cuadrilatero, el público le aplaude y se pone de pie mientras se ondea la bandera y se entona el himno de su país. Sonríe una vez más y sus ojos como dos puñales intentan a su rival. Suena la campana y los cuatro rounds pactados para la contienda empiezan a desarrollarse. Indira comienza analizando a su rival, suelta algunos puñetazos a las zonas blandas de “La Beba”, se mantiene firme como un roble mientras da y recibe golpes. En la esquina del ring la espera su esposo, quien en esta noche funge en el puesto de entrenador.
Con un semblante relajado y retador, Indira no deja de sonreír durante los cuatro rounds, ¡Lo disfruta, lo vive, es su momento! Y suena el campanazo final, corre a la esquina y abraza a su esposo mientras la llaman al centro para escuchar la decisón técnica de los jueces y aunque las pizarras no están a su favor, Indira no deja de mostar sus dientes como perlas, ha dejado todo arriba del cuadrilátero, realiza un acto de reverencia en agredecimiento al público y estrecha los puños con su contrincante, pues más allá de un espectáculo, son seres humanos peleando por sueños.
“Fuera de un espectáculo, fuera de ganancias económicas y de un prestigio... lo que hay allá arriba son vidas humanas, seres humanos peleando con sueños, con familia y nada vale más que nuestra vida... entonces nuestra responsbilidad es volverlo lo más seguro posible manteniendo su esencia, es nuestra responsabilidad cuidarnos, cuidar a nuestros contrincantes porque ningún espectáculo vale nuestra vida”.
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Indira sabe que irrelevantemente de los resultados, lo que vivió esta noche es por lo que todas las mañanas se levanta a entrenar, - por un momento así- , porque en un país se ponga su himno nacional y porque ella sea el pretexto para que se entone.
“Lo que más amo de esto es la sensación que tienes de cuando estuviste entrenando tanto tiempo algo, te enojaste, te frustraste y cuando estás en la pelea lo haces. Amo más que todo sentirme segura. Mi vida gira entorno a las artes marciales, vivo de las artes marciales, de mis pinturas y siento que levantarte todos los dias y saber que vas a hacer algo diferente hoy, que hoy vas a ser más fuerte que ayer, que hoy vas a cambiarle un poquito más la vida a alguien hace que tu vida nunca deje de tener sentido y eso es lo que amo de las artes marciales, que no te deja caer en una rutina, no te deja rendirte”.

Aunque el apoyo a deportistas en su país es nula, Indira trae los guantes bien puestos y tiene claro que, cuando los años son grandes, las circunstancias son pequeñas.
“Siempre he sido muy dedicada en cuestión de mis entrenamientos. Tú puedes si quieres y crees que puedes, no necesitas nada más, no importa lo que te digan ni tus resultados anteriores.”
Con esa mentalidad, desde el interior de su domicilio, Indira termina de ajustar sus agujetas para iniciar un entrenamiento más con miras al próximo reto: competir en unos Juegos Olímpicos.





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